Por Julián Malta.
La avenida de Circunvalación, en Rosario, delimita casi en su totalidad el casco urbano de la otrora segunda ciudad de la república. Sobre sus márgenes se asientan las villas de emergencia que albergan 200 mil rosarinos, que habitan la que fuera la principal puerta de salida de granos del país. Pero esa realidad se diluyó hace 40 años y hoy su puerto es una extensión de costa donde solo conviven gigantes de hierro y galpones en ruinas.
Víctor Choque vive en el barrio Las Flores, cruzando la circunvalación, en la cicatriz sureña de la urbe. Toda su vida adulta transcurrió en esa casa cruza de prefabricada y material, que comenzó a tomar forma cuando vino desde su Chaco natal, para recalar en esa extensión de campo rodeado de quintas. Fueron los tiempos del aprendizaje, del adquirir las mañas de la estiba y el cocido a mano de las bolsas.
Aunque el puerto ya había dejado atrás su edad dorada, los embarques se sucedían sin tregua. La espera en la parada de changarines era breve y la jornada infinita, pero no amedrentaba al hombre acostumbrado al trabajo duro. Con el correr de los años, el polvillo y el tabaco se enquistaron en sus pulmones, mermando su capacidad respiratoria e incorporando a su rutinario trajín, esa tos molesta y persistente.
Los pocos parientes que quedaron en el norte se fueron muriendo con el tiempo. Nunca pudo volver ni siquiera para la última despedida, “el laburo era continuo y las bocas para alimentar, demasiadas”, reflexiona.
“Tengo seis gürises”, exclama orgulloso y enumera sin recordar las edades: Facundo, Jacinto, Eva y Clara –las mellizas- Marta y Alfredo. Le llegaron de grande, porque de grande le llegó el amor, cuando el terrenito delineaba en el horizonte apenas una pieza y una noche de sábado el rostro de Felisa, su futura esposa, se le dibujó arco iris entre las luces multicolores del baile del club Central Córdoba.
“Nunca sobró nada, pero tampoco faltó nada”, asevera mientras desliza anécdotas sobre los pibes y las necesidades sorteadas.
Pero la primera libertad es la económica, y Víctor lo empezó a comprender el día en que la selección de estibadores lo dejó afuera junto a una decena de compañeros. “Con estos nos arreglamos”, dijo el capataz y la vuelta a casa temprano, fresco y sin jornal se transformó en un trámite que se repetiría el día siguiente, cuando las manos huérfanas de esfuerzo se multiplicarían por veinte, por treinta, o más...
Así, hasta que ya no hubo más embarques y fue tarde para encarar hacia las terminales privadas de Puerto Gral. San Martín, o San Nicolás, que ya tenían su planta permanente.
Hace ya varios años que Víctor encalló en la desocupación. Tantos, que se olvidó –o se cansó- de buscar trabajo.
Con 57, está joven para jubilarse porque no le alcanzan los aportes, y viejo para conseguir que la nueva corriente de los servicios, lo arrastre hacia el salario seguro.
“La última vez, estuve en una empresa de vigilancia, cobrando un peso veintiocho la hora, pero me cansé cuando llegué a estar 3 meses sin cobrar, y los mandé a la mierda”, recuerda sin brillo en los ojos.
En la actualidad, su realidad pasa por la supervivencia junto a otros vecinos del barrio, quienes como él, se la rebuscan vendiendo medias o chirimbolos importados por la calle, o limpiando vidrieras de los comercios: “por lo que me dea, jefe...”
Víctor y muchos más en Rosario viven un destino común: pertenecer a ese espacio que se encuentra al sur de la desocupación, más allá del desempleo mismo. Una tierra cotidiana, cruel e inflexible, en la que el retorno, se asemeja más a una quimera que a una certeza.

Cultura + I.V.A. nos da la posibilidad de descubrir nuevos y viejos talentos, de sorprendernos con historias autóctonas y ajenas, de sumergirnos y sumergir también al lector, en mundos desconocidos, invitándolo a realizar su aporte, convencidos que en la interacción está la verdadera construcción de la cultura.
Buscamos el valor agregado en cada espacio, porque la cultura, es masiva en toda su expresión, cuando somos capaces de descubrirla.
Me gustó mucho este blog.
Esta muy bueno.
Te vou a hacer un enlace